Desde su llegada el abanico de sonidos al que estábamos acostumbradas se ha modificado considerablemente.
Carlo nació en Cremona (Italia), lugar en el que muchos años atrás también vino al mundo el violín de su tío. Pero éste no era su instrumento, las cuatro cuerdas se quedaban cortas, así que buscó un instrumento de cuerda con teclado. El piano.
El señor Jennepin no tiene mucha familia, y la que le queda, a excepción de Carlo, digamos que está o muy lejos o muy olvidada para que puedan hacerse cargo de él.
Por ahora y para nosotras, el sobrino desconocido, el pianista que espera la llegada de su piano, es un gran misterio. No hemos visto su rostro, sólo sus pasos lentos haciendo crujir la madera al subir y bajar por las escaleras.
Creo que se encuentra enjaulado en este París sin piano, sin sol, con lluvia, se siente obligado a cuidar del anciano que fue su alimento musical, su proveedor de sellos, aquel familiar lejano que le enviaba postales de la gran torre de metal que junto al Sena le ofrecía la ilusión de tocar el cielo.
Quizás es por eso que la música que escucha,
Carlo me regala cada día y sin saberlo a Michelangeli en el Concierto para Piano de Ravel [2] Adagio assai.....
Al escucharlo me reconcilio con el mundo
Merci Carlo








