Hemos estado cerca, muy cerca, pero el oso apoyado en el madroño no se vestirá con los cinco anillos.
Se quedará sabiendo que ha hecho todo lo que ha podido, que ha luchado con fuerza, que no ha dejado cabos sueltos, que lo ha intentado por segunda vez y que de nuevo no ha ganado.
Ahora sólo nos queda pensar que en el deporte como en la vida, la recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Es duro de aceptar pero es el único camino.
Enhorabuena para Río de Janeiro.
A nuestro oso también le gusta el pan de azúcar :-)






