
Cada tarde cuando las agujas de mi reloj marcan arriba y abajo en busca de la verticalidad perfecta, me pongo el traje de volar, unas botas con cordones y me voy caminando hasta el parque que crece salvaje a unas manzanas de mi casa.
Una vez allí abro el paraguas, espero a que se llene de viento y con un pequeño salto abandono mi condición terrenal para convertirme en un pájaro sin alas.
No se que sería de mi si me estuviese vetado volar.
Jeanne<>




