
Quizás porque durante años sus únicas visitas al cementerio eran durante los meses de invierno, ahora es incapaz de acercarse a uno si el termómetro no baja de cero grados.
No soporta los días soleados, ni el calor ni el ruido de los pájaros revoloteando entre las tumbas. Si el cielo no está gris y el suelo sin rastros de nieve, prefiere quedarse en casa y esperar la seguridad helada del mes de Enero...
2 comentarios:
Así resulta un poco más lúgubre.
No sé, pero siempre me he imaginado a la muerte más de blanco que de negro...
besos
No tengo la costumbre de ir a los cementerios, siempre que no haya un entierro de por medio. Un beso, JEANNE.
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