miércoles, 17 de noviembre de 2010

Optimismo y otras pomadas para la piel



Me gusta el optimismo porque es como una lluvia inesperada.

Te sorprende en la calle, en el ascensor o en una fila interminable, zas, te roza como una pluma en un día de viento y sin saber porqué empiezas a sentir algo extraño.

Pienso en optimismo después de leer a Cioran, si, vale, no hay forma de explicarlo, es así, no le des vueltas.

Hoy es miércoles, un voto positivo hacia el jueves que se muere por salir a escena. La escena de la vida o la vida en el escenario.

Me quedo con la vida en el escenario, allí soy más Jeanne y menos violinista.

8 comentarios:

ceroocho dijo...

Cómo será este Jueves? siendo optimistas me traeran el desayuno calentito a la cama, con eso me conformo.
A mi violinista o no, me encanta leerte.

dintel dijo...

Supongo que después de leer a Cioran necesitas abrazarte a cualquier optimismo...

Gabiprog dijo...

Lo cierto es que... El título de esta entrada es perfecto para un best-seller de autoayuda!

:D

jordicine dijo...

Sin optimismo no somos nada. Un beso, JEANNE.

Jeanne dijo...

Ceroocho (08)
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Espero que el optimismo se adhiera a la piel como un buen pegamento.

Por cierto, ¿qué tal el desayuno?

Jeanne dijo...

Dintel
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Sabes, creo que Cioran me parece cada vez menos pesimista, quizás es un realista sincero que dice lo que otros callan.

Jeanne dijo...

Gabiprog
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Si te decides a escribir ese libro, te cedo el título. Un regalo, ya ves.

Por cierto, los libro de autoayuda me ponen nerviosa, soy incapaz de leer uno.

Jeanne dijo...

Jordicine
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Es verdad, sin optimismo no somos nada. Al menos para ser algo hay que tener una buena dosis de pesimismo...¿o no?

:-)

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